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“El ocaso del alba”: Capítulo 4 – Entrenamiento (1/2)


CAPÍTULO 4

Entrenamiento – Parte 1

—¿Por qué me salvaste? —Pahaliah se sorprendió al observar a su salvador—. Responde.

El ser de alas negras sonrió levemente.

—Tú posees algo que necesito —respondió.

—¿Algo que poseo? —preguntó curiosa la Butzina.

El anciano levantó su mano derecha, y con el dedo índice señaló a las alas negras que portaba en su mano la guerrera.

—¿Esto? —reaccionó extrañada—. ¿Para qué?

—Dime Butzina —dijo el ser oscuro haciendo caso omiso a su pregunta—, si te prometiera ser quién de terminar con esta guerra milenaria con un resultado favorable para tu raza, instaurando un orden de luz en el universo, bajo el comando del más poderoso de los reyes, ¿te unirías a mi?

—¿Tú, un ser de la oscuridad trabajando a favor de los seres de la luz? —replicó Pahaliah irónicamente—. ¡No me hagas reír! Por otra parte… ¿Qué se supone que ganaría yo? —preguntó con ojos avariciosos.

—Me gusta tu forma de pensar Butzina —dijo sonriente el anciano—.Que te parecería un alto puesto en la jerarquía del cosmos. Podrías llegar a ser Caballera Suprema del universo.

—Eso ya es otra cosa —comentó la Butzina—, pero…  ¿De verdad serías quién de traicionar a tu propia raza? —quiso saber, curiosa.

Los marrones ojos del Kardinuta se iluminaron.

—¡Oh! Si, claro que soy capaz —contestó con aviesa sonrisa—. De hecho, disfrutaré haciéndolo.

***

La luz del sol se colaba entre las rendijas de las persianas, iluminando la habitación del muchacho. Abraham se revolvía entre las sábanas, negándose a obedecer al despertador de la naturaleza. Dándose por vencido, se irguió somnoliento.

—¡Qué sueño más extraño he tenido esta noche! —comentó mientras se frotaba los ojos.

Giró la muñeca para comprobar la hora en su reloj y con estupor observó que llegaba tarde a clase. Sin dar demasiados preámbulos, se levantó con rapidez de la cama y prácticamente se vistió a la vez que bajaba velozmente las escaleras en dirección a la pequeña cocina de la casa. Allí se encontró con su abuelo preparándose su café matinal. La tranquilidad que observó en él le desconcertó.

—Abuelo, ¡¿sabes qué hora es?! ¡¿Por qué no me has despertado?! —le recriminó enervado—. ¡Llegaré tarde a clase! Mejor será que no desayune y coja algo en la cafetería. ¡Adiós abuelo! —le informó mientras se disponía a marchar.

—¿A dónde crees que vas? —sonó desde el interior de la cocina la voz del anciano.

—A clase… —al chico le sorprendió la pregunta—. Acabo de decírtelo…

—Pero… —Alem salió de la cocina—, hoy no tienes clase —apuntó sonriente.

Abraham le dirigió una mirada de desconcierto.

—¿No lo recuerdas? —preguntó el Butzina extrañado—. Ayer murieron tres chicos de tu escuela. El instituto cerró por luto hasta el lunes.

Al chico se le desorbitaron los ojos y se le palideció la cara. “¡No puede ser!” Pensó. “Era un sueño, ¿no? Acaso no lo era. Tenía que serlo. ¿Acaso aún estoy soñando? ¡No puede ser!”

—¿Te encuentras bien? —preguntó el anciano preocupado—. Ven, te prepararé un energético desayuno —mencionó alegremente—. Lo necesitarás.

El chico, aún pálido, se dirigió hacia la pequeña estancia. Mas su mente deambulaba aún por los recuerdos que él había juzgado por falsos y que ahora se presentaban como verdaderos.

El almuerzo transcurrió envuelto por un incómodo silencio. Nieto y abuelo, ambos, no dirigieron palabra el uno al otro. No obstante, mientras la cara de Abraham seguía haciéndole parecer un zombie, en la de Alem habitaba una sonrisa imborrable.

—Acompáñame —le dijo al muchacho tras terminar el desayuno, haciéndole señas.

El chico, aún inmerso en su mundo, le acompañó hasta el sótano de la casa, hasta aquel gimnasio en el que el anciano se mantenía a tono mediante la práctica de artes marciales orientales. Una vez los dos se encontraron en el interior de la estancia, Alem se giró, y, poniéndose frente a él, mientras se colocaba en guardia, le dijo:

—Bien, Abraham, ¡Es hora de entrenar!

El muchacho mostró extrañeza en su rostro.

—¿Entrenar? ¡¿Qué?! —respondió confundido.

—Te lo dije ayer… —Alem miró al chico y suspiró exasperado—. ¿Aún sigues con la tontería de que esto es un sueño?

El chico se mantuvo en silencio.

—Bien Abraham —dijo el anciano mientras se quitaba la chaqueta  y la camisa de su traje—. ¡Dime si soy un sueño o soy real! —de su espalda emergieron sus viejas alas blancas.

—¡No puede ser! —Abraham cayó de rodillas al suelo, llorando—. Es un sueño, si, aún estoy soñando, aún no he despertado, eso es.

Alem se mostró airado ante la cobarde reacción de su nieto.

—¡Está bien Abraham! —mencionó furioso—. ¡Puedes quedarte ahí lloriqueando esperando a que despiertes y probablemente antes de que eso pase estarás muerto o serás usado cuál marioneta! ¡O puedes levantarte del suelo y enfrentar tu destino! Dime, Abraham, hijo de Adán y Eva, ¿Qué es lo que harás? ¿Qué es lo que quieres? —le preguntó colérico.

—Yo… Yo… —balbuceó el híbrido—. Yo sólo quiero no tener que saber nada de seres alados ni de monstruos sellados… Yo sólo quiero seguir viviendo cómo lo he hecho hasta ahora.

>>Es cierto… siempre me he estado quejando de mi vida y de lo triste que era. Pero… la verdad es que me gustaba… Me daba igual que mis padres estuvieran muertos, me daba igual que me acosaran en la escuela, me daba igual todo lo malo. Porque te tenía a ti, y tenía a mis amigos, y con eso me bastaba.

>>Pero ahora llegan esos seres alados y tú dices que tengo en mi interior un poder capaz de destruir el universo, y de repente todos los muros que decoraban la habitación de mi vida se caen a trozos. No sé cómo he de sentirme, pero lo único que quiero es volver todo a como estaba antes —concluyó el chico alicaído.

Las palabras del joven conmovieron el corazón del anciano, quién se aproximó hacia él.

—Ya nada será como antes Abraham, pero podemos luchar por intentar devolver las cosas a como estaban —le consoló mientras le tendía la mano—. ¿Qué me dices?

El muchacho se limpió los ojos con la manga de la camisa.

—¿Acaso tengo otra opción? —preguntó alicaído.

El anciano le dirigió una mueca de empatía.

—Me temo que no —comentó mientras le ayudaba a levantarse.

Alem le pidió que se quitara la camiseta, alegando que no era necesario romper más ropa, y que intentara sacar sus cuatro alas, simplemente pensando en ello. De nuevo, aquel extraño dolor recorrió la espalda del muchacho a la vez que los dos pares de alas emergían. Fue sumamente sencillo: sólo tuvo que imaginar que las tenía y hacerlas salir. Se sorprendió de la facilidad con la que se realizaba tal acción.

—Eso que tienes en tu espalda son tus Knafáims —explicó el antiguo Supremo Sanador—. Ellas son las encargadas de canalizar toda nuestra Atzmut; nuestro poder. Los Butzinas poseemos dos  blancas que canalizan nuestra Atzmut lumínica; los Kardinutas poseen un par negro, que canaliza su Atzmut oscura. Tú, al ser un híbrido, puedes usarlas para canalizar ambas. La aplicación de esta energía con fines bélicos te la explicaré después.

—Entonces, ¿qué me enseñarás primero? —quiso saber el chico.

—A matar —respondió fríamente Alem.

—¡¿Matar!? —reaccionó sobresaltado Abraham—. ¡Yo no quiero matar a nadie!

El anciano le dirigió una severa mirada. Mediante rápidos movimientos desenvainó una de las espadas de su colección y atacó a su nieto. Este, aunque asustado, consiguió esquivar cada uno de los golpes lanzados por su abuelo fácilmente. Había ganado una agilidad inusitada que le sorprendió. Finalmente el chico acabó cayendo al suelo, y Alem le colocó la espada en el cuello.

—¡Escúchame bien Abraham! —le gritó—. A partir de ahora es la ley de la selva: o matas o mueres, y en el mejor de los casos serás capturado y utilizado, lo cuál no es un destino muy agradable. ¿Entiendes?

El chico, aún con el miedo en el cuerpo, asintió. El antiguo Supremo Sanador tiro el arma y ayudó al chico a levantarse.

—Butzinas y Kardinutas —continuó con su explicación—, tan distintos y tan similares al mismo tiempo. Ambos mueren de dos formas: mediante un ataque directo al corazón, o arrancándoles sus Knafáims. Cualquier otra herida, por muy grave que sea, difícilmente les provocará la muerte debido a que prácticamente todos tienen conocimientos acerca de medicina.

>>En otras palabras, saben curar esas heridas —Alem hizo una pausa para comprobar que su pupilo atendía a sus explicaciones—. Sin duda alguna, la más tortuosa de ambas opciones es la de perder nuestras Knafáims. Como te he dicho, estas son las encargadas de canalizar nuestra Atzmut. Nosotros somos seres de energía, a diferencia de los seres humanos, que son seres de materia.

>>La razón de nuestra forma física es que parte de nuestra energía se manifiesta en forma de materia, dándonos este aspecto. Pero si le arrancas las alas a alguno de nosotros, nuestra materia volverá a convertirse en energía, desapareceremos, perderemos nuestra esencia, nuestra alma por decirlo de alguna manera. Volveremos a formar parte del universo. Esa vuelta a nuestra forma más primitiva es una insoportable agonía.

Abraham agarró asustado sus alas, temiendo tener que sufrir algún día aquel horrible destino.

—No temas, no permitiré que tal cosa te pase —le tranquilizó Alem—. Te enseñaré a usar tu Atzmunt mixta. Como has podido observar, has ganado agilidad y velocidad, esa es una de las aplicaciones de tu poder. Los seres de la luz pueden llegar a viajar en ocasiones a la misma velocidad que esta, convertirse en energía lumínica durante un tiempo limitado sin perder su esencia propia.

>>Lo mismo ocurre con los seres de la oscuridad en lo referente a su medio. Si, a pesar de lo que digan tus libros de física —comentó al ver la cara extrañada del chico—, la oscuridad, al igual que la luz también se propaga, y tiene una velocidad imposible de alcanzar para cualquier ser humano, pero no para un Kardinuta. Has de saber que tú al ser un híbrido eres capaz de moverte a ambas velocidades, la de la luz y la de la oscuridad, bajo sus respectivos medios, pero que no debes abusar de ello, o esta ventaja se volverá en tu contra. Debes siempre usar la velocidad adecuada sin ponerte en riesgo.

>>Hablando de ventajas, también convendría nombrar la percepción del aura de ambas especies. El aura sería la energía que libera cada ser de luz u oscuridad por el simple hecho de estar vivo, y que se incrementa según como utilice su Atzmunt.

—Hoy, cuando desperté —le interrumpió el híbrido—, noté la presencia de una Butzina y un Kardinuta antes de verles u oírlos, ¿te refieres a eso?

—Efectivamente —le confirmó—. Al poseer rasgos de ambas especies, eres capaz de detectar ambas auras. Incluso, si eres quién de mantener ambas Atzmunt en equilibrio, tu aura será neutra y serán incapaces de localizarte. Mas si está en desequilibrio con mayor peso de luz, los seres que habitan en esta te detectarán, lo mismo pasará con respecto a los seres de oscuridad en lo referente a un desequilibrio a favor de su Atzmunt. Los seres de una raza sólo son capaces de detectar las auras de los de su misma especie. Juega con esto cuando tengas que combatirlos.

—¿Y también pueden detectar a esa bestia que porto, al Rashá?

—El Rashá es una gran concentración de Atzmunt oscura, por lo tanto, si se libera su aura, ellos te localizarán. Por eso, debes aprender a controlar tus poderes de híbrido, de esa manera te será más fácil controlar a la bestia y evitar que te posea.

—¿Los seres de luz también pueden detectarlo?

—Al ser una bestia de oscuridad no… —el anciano entendió de repente el por qué de la pregunta del chico—. Si te refieres al por qué algún ser de luz te detectó ayer, eso fue culpa mía. Durante mi enfrentamiento contra la bestia, tuve que usar parte de mi Atzmunt para reforzar tu sello. Lo más probable es que te localizaran siguiendo el rastro de esta.

>> Lo cierto es que, por el simple hecho de estar ahora aquí hablando con nuestras Atzmunts activadas, nos estamos poniendo en peligro, por eso me gustaría gastar la mínima energía necesaria, con el fin de evitar ser descubiertos.

—De acuerdo abuelo, ¿qué es lo siguiente que debo saber?

—Debes aprender a emplear tu Atzmunt de cara al combate —afirmó—. Las Knafáims lo canalizan y te permiten usarlo de distintos modos. Por ejemplo, puedes juntar una cierta cantidad de Atzmunt en la palma de tu mano y convertirla en una esfera de energía, tal que así —el anciano extendió su palma y en ella empezó a tomar forma una pequeña esfera lumínica. Abraham no pudo evitar recordar a la Butzina del día anterior cuándo esta intentó matarle—. Prueba a hacerlo tú.

—Pero… ¿Cómo? —le replicó el chico.

—De la misma forma que has hecho salir tus Knafáims, pensando en ello. Acaso cuándo piensas en mover tu brazo y se lo ordenas, ¿este no se mueve? Del mismo modo concentra la Atzmunt que recorre todo tu cuerpo en la palma de tu mano y dótala de forma esférica. Vamos, tan sólo inténtalo por lo menos.

Abraham le hizo caso y extendió la palma de su mano, esforzándose en visualizar una esfera en ella. Para su sorpresa pronto se empezaron a arremolinar dos, una de luz y otra de oscuridad.

—Bien, ahora arrójamelas —le ordenó Alem.

—Pero… Alem…

—No titubees, simplemente arrójamelas.

El muchacho terminó por obedecerle: lanzó las dos esferas hacía él. El anciano envió la que formara antes a chocar con la oscura, neutralizándola, y se dejó impactar por la lumínica. El muchacho puso por un momento cara de horror al pensar que le había herido, pero el anciano permaneció intacto tras que la esfera colisionara con él.

—Otra cosa que debes saber, es que los ataques de luz no hieren a los seres de luz, sólo a los de oscuridad y viceversa. Por eso sería importante e interesante que supieras dominar ambas

Atzmunts para poder utilizar la adecuada en cada momento.

>>Siguiendo con el dominio de esta en combate, otra forma de canalizarla es mediante rayos de energía. Para ello puedes lanzarlos pequeños y precisos desde la yema del dedo, o bien potentes y grandes desde la palma de tu mano. Otra vez de nuevo, sólo tienes que concentrarte y, debido a las grandes capacidades que estoy observando en ti, serás quien de hacerlo.

Abraham volvió a confiar nuevamente en su abuelo y extendió el brazo hacia él, tratando de concentrar esa gran cantidad de energía que empezaba a sentir por todo su cuerpo para que formara un rayo que emergiera de la palma de su mano.

Nuevamente volvió a lograrlo, pero nuevamente no supo controlar su poder: hacia Alem fue enviado un potente rayo de oscuridad pura que hizo temblar al muchacho. El anciano no se movió de su lugar. Antes de colisionar con él, el rayo fue detenido por una barrera de luz. Abraham se quedó muy sorprendido al observar esa habilidad.

—Esto es otra forma de canalizar la Atzmunt, una forma muy avanzada que permite tener una buena defensa en combate. Esta barrera puede disponerse alrededor de tu cuerpo de cualquier forma y sentido, y protegerte de cualquier ataque, resulta muy útil, así que intentaré enseñarte a usarla más adelante.

Durante el resto de la mañana, Alem se esforzó en enseñarle a controlar a su nieto sus nuevos poderes de híbrido, siendo consciente de que debía intentar instruirle lo máximo posible en poco tiempo para que este pudiera valerse por si mismo.

——————————————–

Y de nuevo he vuelto a mis queridas tierras gallegas que tanta morriña me provocan cuando em alejo de ellas. Por supuesto, esto no quiere decir ni mucho menos que no haya disfrutado mi estancia en Toronto. De hecho opino que ha sido una experiencia muy enriquecedora y que estaría encantado de repetir en futuras ocasiones, pues he conocido a gente de diversos lugares y he aprendido de muchas culturas, a parte de saber como es la vida en una ciudad cosmopolita del siglo XXI. En general, chapó a mi Canadian Experience.

 

Pero a cambio, he dejado el blog bastante abandonado, sólo pudiendo subir de vez en cuando actualizaciones de EODA y de NLL. Pero tranquilos, que pienso ponerme las pilas, subir más poemas y otros trabajitos, y quizás hacer algunas entradas para pasar el tiempo, “Vainas Varias” que diría Habimaru.

 

Y también he de ponerme a tono con EODA. Mi objetivo es terminar el primer libro de la obra, que titularé “Alba” (qexcesodeoriginalidadquetengo) este mismo mes, para evitar que el curso universitario me chafe los planes. Así pues, me encuentro aún metido en el cap 5, más he de intentar terminar hasta el 9 para octubre. También subiré nuevas secciones como la de personajes al blog, además de poner en descarga directa la obra, cuestión que debería haber hecho desde hace mucho u.u

Y tenemos algo que celebrar, pues la publicidad para los autores pequeños como un servidor nunca viene mal. Así pues, he de agradecer al blog “Viviendo Libros” el que le haya dedicado una pequeña entradita a mi obra:

http://viviendolibros.blogspot.com/2011/08/blognovela-el-ocaso-del-alba-por.html

Saludos desde cloacas galaicas de nuevo.

Atentamente: Mickael Vavrinec

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